Microbiota intestinal y Enfermedades Gastrointestinales

La microbiota intestinal (MI) se compone de las bacterias que habitan en el intestino (aprox. 1.000-1.150 bacterias), está compuesta por 6 filos bacterianos: Firmicutes, Bacteroidetes, Proteobacteria, Actinobacteria, Fusobacteria y Verrucomicrobia. Estos microorganismos pueden modificarse por la dieta. Una MI saludable facilita la digestión y absorción de nutrientes que naturalmente no están biodisponibles, lo que mejora el vaciamiento intestinal y disminuye la inflamación intestinal junto a la posibilidad de padecer enfermedades gastrointestinales, las cuales a su vez, pueden derivar en enfermedades cardiovasculares.

Disbiosis

Una MI desfavorable o disbiosis tiene efectos antagónicos. Los hidratos de carbono (HC) son los sustratos preferidos para la fermentación en el colon, posteriormente las proteínas también pueden usarse para este proceso. Las dietas hiperproteicas promueven la degradación de aminoácidos, lo que produce NH3 (amoniaco) y generan compuestos derivados de fenol.

Las bacterias anaerobias no metabolizan lípidos, dado que la oxidación de los ácidos grasos requiere presencia de oxígeno, en este sentido, se han informado cambios drásticos en la MI con la administración de dietas hiperlipídicas. La alimentación de las bacterias de nuestro intestino se basan en prebióticos que son carbohidratos no digeribles por el humano, pero sí por las bacterias de la MI. 

Microbiota intestinal

¿De qué depende la estabilidad de la Microbiota Intestinal?

La MI se modifica a lo largo de nuestra vida, desde el inicio la colonización de bacterias es derivada de la leche materna como bifidobacterium que permiten proteger el intestino de enfermedades infecciosas. La MI llega a un estado de estabilización desde los 2 años de edad, principalmente regulada por la dieta. Esta estabilidad de la MI depende de la presencia de enfermedades infeccionas, uso de antibióticos, cambios en la dieta, la edad, la aparición de Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT), entre otros factores.

La MI saludable corresponde a aquella en que bacterias del tipo firmicutes predominan ante que la de los bacteroidetes y se ha observado que la de una persona con obesidad o cuya dieta se concentra altamente en proteínas y/o grasas, presenta una relación de firmicutes/bacteroidetes (F/B) alterada.

Es importante considerar que los bacteroidetes en su membrana celular contienen principalmente lipopolisacaridos (LPS), conocidos como un gran estimulador de la inflamación. A esto se le atribuye que un aumento de LPS puede contribuir, aparte de la obesidad, a la resistencia de insulina, lo que a su vez favorece al desarrollo de diabetes. Esto genera un ciclo en el que una persona con sobrepeso tienda a aumentar su masa corporal y sus enfermedades como consecuencia del desequilibrio de la microbiota intestinal.

Dietas y Microbiota intestinal

Una dieta baja en fibra dietética soluble e insoluble (prebióticos) pueden llegar a extinguir ciertos géneros microbianos del intestino, como también la utilización de dietas hiperproteicas e hiperlipídicas.

La utilización de dietas hiperproteicas se utiliza generalmente para la reducción de peso o para aumentar masa muscular en deportistas, sin embargo, esto produce efectos en la microbiota intestinal, como la disminución de algunos Clostridium y Faecalibacterium prausnitzii y la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC), además de un incremento de bacterias del tipo bacteroidetes, que como anteriormente se mencionó, contienen principalmente LPS, que es un gran estimulador de la inflamación.

Según una información publicada por la OPS junto con la FAO en el “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe 2017”, el porcentaje actual de obesidad en nuestro país corresponde al 30%, mientras que el índice de sobrepeso es superior al 60% en adultos mayores de 18 años. Estas personas presentan disbiosis intestinal y en muchas ocasiones son sometidos a dietas hiperproteicas.

Las personas que consumen dietas hiperproteicas como Atkins o hiperlipídicas como la cetogénicas, presentan un estatus disbiótico con el consecuente malestar estomacal, inflamación intestinal, constipación, entre otras.

Finalmente, se ha demostrado que no solo una disbiosis intestinal produce enfermedades gastrointestinales, sino que además puede ocasionar ECNT a largo plazo, y esto constituye un gran problema de salud pública. Entonces, una microbiota intestinal adecuada y equilibrada, sería un factor protector frente a ECNT, que sería de gran importancia a evaluar en la población.

Bibliografía