Después del Ébola: opinión desde la docencia

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Salud Global como un marco dentro del cual debemos tejer nuestro futuro es una realidad no solo conceptual, sino que se vive día a día. El ébola y su presencia nos interpelan a pensar en ello en tanto nuestro anhelo sea ser partícipes de nuestra vida colectiva. En el actual debate, por ejemplo, se habla de perfeccionar el concepto de gobernanza de la globalidad en salud, para entregar mejores respuestas, científicas y socioeconómicas, a los próximos episodios epidémicos infecciosos que enfrentaremos. Es un proyecto que se debe discutir en el mediano plazo y que cuenta con antecedentes históricos concretos, como la creación de la OMS. Mientras, para enfrentar la contingencia, la ciencia intenta abrirse paso con el desarrollo de terapias experimentales como el Zmapp, TKM-ébola, Farivipavir, Avi-7537 y dos vacunas experimentales, VSV y adenovirus de monos.

Las enfermedades han modelado nuestras vidas por centurias y esta no será la última ocasión para verificar esta suerte de constante histórica. Las vidas de miles de hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos del continente africano que han muerto por ébola merecen que sus muertes no sean en vano. Es un imperativo ético. La medicina del siglo XXI, las esferas profesionales y estudiantiles, deben sumarse a esa empresa multidisciplinaria y humanitaria que apunte a elevar la dignidad del ser humano, sin olvidar que la mortalidad es parte de nuestra finitud. Desde el punto de vista universitario, el análisis de esta cuestión global debe integrarse a la formación de pregrado, lisa y llanamente porque la salud no es un asunto estrictamente científico, sino que un valor social esencial para nuestra convivencia. En los siguientes meses el ébola nos seguirá recordando este rasgo de nuestra historia y existencia.

Marcelo López Campillay

Profesor del curso «Historia de la Medicina»
Escuela de Medicina UC