¿Por qué la colaboración científica comienza en el pregrado?

A lo largo de los años y con el mejoramiento de las comunicaciones la ciencia se ha ido transformado en algo que invita a realizarse en equipo. Cada día se empequeñecen aún más las barreras geográficas, lingüísticas y disciplinarias para poder hacer buena ciencia, es decir, los grupos de investigación de hoy en día deben contar con el apoyo de colegas externos a las cuatro paredes que limitan a su propio laboratorio para lograr obtener mejores resultados y de mejor calidad.

Todos hemos escuchado o leído que »la ciencia es un trabajo global», sin embargo, solamente hace muy pocos años esta linda frase se ha hecho realidad, el modelo del quehacer científico de antaño en el cual uno se imagina una persona de peinado divertido y bata blanca escondida en un laboratorio sombrío y lúgubre (por supuesto en la más extrema soledad) es un modelo ya añejo de cómo las ciencias (también las sociales) operaban el siglo pasado.

La intención de escribir este artículo es tanto describir la importancia de mantener este modelo de ciencia global y »colaborativa» como poder dejar en claro que para que el modelo sea exitoso, debe ser practicado desde el pregrado, la etapa más temprana de formación científica en la cual la gran mayoría de nosotros estamos o hemos estado insertos. Muchas veces nos hemos topado en reuniones de laboratorio o en congresos con la palabra »networking» y quizás nos hemos preguntado sobre su significado.

El networking se define como una cierta »filosofía» que nos lleva a establecer redes profesionales de contactos los cuales nos permiten darnos a conocer a nosotros y a nuestro trabajo, nos permite aprender y escuchar a nuestros pares y de esta forma nos obliga a que materialicemos colaboraciones y formemos hasta redes de inversores. El concepto puede ser algo que está muy desarrollado en la parte de negocios y emprendimiento, sin embargo, los científicos no podemos estar más insertos en este concepto.

En ciencias es necesario constantemente mostrar y discutir resultados a nuestros pares, ya sea en reuniones de laboratorio, conversaciones de pasillo, en el café de la mañana y alguno que otro congreso donde vayamos a pegar nuestro póster o a dar una plenaria. Dado lo anterior, un científico debe necesariamente incorporar las habilidades blandas asociadas a la »generación de redes profesionales» o al networking.

En el último tiempo, la cantidad de autores por publicación ha ido en aumento. Datos recientes indican que el número promedio de autores por publicación ha aumentado de 3,2 a 4,4 en veinte años.  Pubmed también entrega proyecciones interesantes donde se destaca que para el año 2034 existirá un promedio de ocho autores por publicación, una cifra no menor considerando que actualmente el promedio es de cinco autores. Todo indica que los trabajos científicos se inclinan cada día más a la colaboración entre varios autores, por lo que no es para sorprenderse que también las becas y fondos destinados a investigación sean entregadas a grupos de científicos que estén en dos o más países, incluyendo a esto los consorcios internacionales científicos que acumulan gran cantidad de dinero.

Las redes de colaboración científica se han intensificado gracias al uso de las redes sociales: LinkedIn, Facebook, ResearchGate, Biowebspin, entre otras. Estas plataformas web ayudan a los investigadores a conocer nuevos colegas y a expandir sus proyectos de forma más rápida que en el pasado, contribuyendo al networking científico.

El incentivo a interactuar con otros se hace evidente y necesario en el mundo hiperconectado de hoy, tanto por necesidad como por enriquecerse, diferentes grupos de investigación se ven forzados a incluir en sus equipos a profesionales de áreas que no necesariamente sean completamente afines a sus líneas de investigación (ej. un ingeniero civil eléctrico en un laboratorio de neurofisiología) debido a que ya no es posible responder las grandes preguntas en ciencias usando solamente el punto de vista de una disciplina particular. Lo que describo es el concepto que se conoce como »interdisciplina», el cual cada día es más patente en las redes de colaboración en investigación.


Pese a que el mundo científico se inclina cada vez más a la interdisciplinariedad y a la colaboración entre varios grupos de investigación para poder responder a preguntas de interés, mucha gente aún se cuestiona si este modelo es realmente necesario para lograr un mejor devenir científico. Un argumento en contra de la formación de redes de apoyo entre varios laboratorios tiene que ver con la autoría de las publicaciones que se produzcan en base al trabajo de varios laboratorios. Surgen preguntas tales como ¿Quién o quiénes van a ser los que se llevan el mayor crédito de este trabajo? ¿Quién es el primer autor de este manuscrito? ¿Por qué tenemos que aportar fondos y trabajo para un proyecto que no es directamente relacionado con nuestra línea de investigación? Todas estas preguntas son complicadas de resolver de primera vista y lo más probable es que no exista una solución general para estos problemas que les sirva a todos los grupos de investigación, sin embargo, considero que no deben ser impedimento para generar ciencia colaborativa.

Quizás en el futuro el concepto de autoría de las publicaciones científicas cambie, por ejemplo, algunas publicaciones del Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) no colocan autores individuales en su afiliación, sino solo el nombre de los consorcios asociados a la publicación.

En cuanto a la interrogante de »¿Por qué tenemos que aportar fondos y trabajo para un proyecto que no es directamente relacionado con nuestra línea de investigación?», considero que un buen grupo de investigación no puede dejar de explorar nuevas alterativas o variantes de su propia línea de investigación principal. Es verdad que lo más eficiente siempre es enfocar el trabajo y el dinero para generar resultados específicos a una línea científica, no obstante expandir la investigación científica en conjunto con otros grupos o laboratorios puede ser una »inversión» a largo plazo, abriendo nuevas líneas que pueden aplicarse para ganar nuevos proyectos y participar de diferentes fondos de financiamiento.

Creo firmemente que la colaboración científica debe entrenarse, no es algo que está explícito en el día a día de un estudiante de doctorado, estudiante de pregrado o incluso de un investigador. El espíritu del trabajo colaborativo debe fomentarse desde el primer momento en una malla curricular de pregrado y demostrar que la única forma de poder generar nuevo conocimiento y responder las grandes interrogantes a las cuales la ciencia del siglo XXI se enfrenta es formando redes de trabajo colaborativo e interdisciplinario. No podemos seguir manteniendo el modelo antiguo donde el investigador se dedica exclusivamente a lo que está más cerca de sus narices sin pasar por la opinión de pares ni el trabajo hecho por los pares, tampoco podemos pensar en que un solo grupo de investigación pueda responder a todas las interrogantes ni generar nuevas tecnologías por sí mismo, siempre requerirá de la colaboración de un mayor número de profesionales.

Adquirir las habilidades blandas para trabajar de forma colaborativa debería ser algo fundamental de una carrera de pregrado o un programa de doctorado. Debería ser algo tan fundamental como las tareas más básicas como el análisis de resultados o las habilidades de comunicación al presentarlos. Es muy posible que las redes que se adquieran durante los años de formación de un científico sean las que más imparten su carrera a futuro, hasta poder llegar a ser un investigador independiente.

La clave para fomentar esta actitud y espíritu entre los estudiantes es que los docentes premien trabajos de tesis que involucren a estudiantes de varias disciplinas, algo así como una »metatesis», los cuales involucren resultados de varios estudiantes en un proyecto más grande. Hay casos como el anterior los cuales han llevado a reales aportes a las ciencias, ya sea con patentes, tecnologías o con respuestas a interrogantes que son conceptualmente imposibles de responder desde una sola disciplina. Los estudiantes podrían beneficiarse e enriquecerse mucho más del trabajo colaborativo y así impactar de forma concreta en sus carreras científicas a futuro.

En conclusión, considero que la colaboración científica es la respuesta a la presión moderna por publicar y generar grandes resultados en el menor tiempo posible, es decir, la ciencia presiona a los científicos para ser más eficientes que nunca en sus trabajos, al punto que para continuar la »máquina» de la investigación científica no se puede trabajar solo, debes subir a alguien más a tu carro y moverse juntos para lograr los mejores resultados. Áreas de interés tales como la medicina, la astronomía, la física, la ingeniería, la agricultura, entre otras, ya no son capaces de trabajar por sí solas y requieren de la ayuda del compañero para poder continuar su labor. La ciencia colaborativa promete y asegura un mejor devenir en el conocimiento. Debemos seguir trabajando para nunca perder esta escuela que llegó para quedarse.
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